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Tebanas / Sófocles, Esquilo, Eurípides / Teatro La Abadía

El teatro

Mi primera experiencia en La Abadía. Me llama la atención la dificultad para conseguir entradas tratándose de una versión de tragedias griegas. El teatro está lleno pero -sorprendentemente- queda un asiento libre en el centro de la primera fila del patio de butacas. Pienso que quizá sea un error o se trata de una fila cero simbólica sin derecho a sentarse. Tras dudar un poco, finalizo la compra. Y funciona bien; en seguida me llega una entrada en formato moderno que puedo incorporar al móvil.

El Teatro está en pleno Chamberí. El edificio es interesante. La sala principal, llamada San Juan de la Cruz, aprovecha la antigua capilla de un internado infantil. Tiene una planta curiosa, con dos naves separadas triangulares que convergen en el escenario, dejando una tercera más corta en medio, en la que está mi asiento. Según parece, las naves servían para separar a las niñas de los niños en la capilla. Imagino que en la del centro se sentaban los profesores.

La entrada es cómoda y el personal eficaz. Mi asiento está demasiado cerca del escenario, pero no puedo quejarme. La sala está llena casi por completo. Mientras espero, leo el dossier que el teatro tiene en la web sobre la obra. Es muy bueno. Vale la pena.

La representación

25 siglos nos separan de los grandes trágicos griegos. Qué difícil es para mí, en Madrid, en 2026, vivir una catarsis en presencia de estas obras. Hablo de obras porque Álvaro Tato, que firma esta versión, ha fundido "Edipo Rey" y "Antígona" de Sófocles, con Los "Siete contra Tebas" de Esquilo y algunas escenas de las "Fenicias" de Eurípides. Además, han incluido un entreacto satírico de autoría propia entre el segundo y el último acto. Según parece, algo así sucedía en las fiestas de Dioniso. El público acudía al teatro durante cuatro días. Tres autores competían por el premio. Cada uno presentaba tres tragedias y un drama satírico. Las tres tragedias se representaban en las tres mañanas. Y el último día las tres sátiras.

La cosa funciona razonablemente bien. Los actores cambian de papel en cada acto, lo cual desconcierta un poco al principio. Son todos jóvenes y me cuesta un poco entrar en el Edipo chulesco de Fran Garzía. Después me gusta mucho más como Polinices y más aún al final de la obra con la guitarra en la mano. Cira Ascanio es una gran Antígona.

Creo que no me ayuda el vestuario, aunque quizá uno de época sería peor. Llevan monos de neopreno con protecciones de tipo motero y cintas de plástico. Imagino que ayuda a destacar las caras y las expresiones, y es útil por ser absurdo y atemporal. Entiendo que también permite a los actores jugar mucho más con los cuerpos, lo que hacen admirablemente durante toda la obra.

En cualquier caso, admiro la complejidad de la adaptación y la destreza de los actores, pero solo me llegan las bromas del entreacto satírico. No salgo de allí transformado.

La obra

La historia de Edipo ha dejado tanta huella en occidente que es difícil separar su rastro de la obra misma. La esfinge, el hijo que mata al padre y se casa con su madre, la tragedia de la condición humana... Y en menor medida -pero con intensidad en la filosofía política y en el derecho- también Antígona es ya más una idea que un personaje. Quizá por eso es difícil conectar con ellos en el teatro. Si la adaptación desarrolla una sola de las obras el espectador quizá termine perdido con solo unos trozos de los mitos que recuerda. Pero si se conectan todas -como aquí se ha hecho- se corre el riesgo de perder la fuerza de conmover de cada una de ellas.

#Cira Ascanio #Fran Garzía #Teatro La Abadía #Álvaro Tato