Panorama desde el puente / Arthur Miller / Fernán Gómez
El teatro
Primera vez en el Fernán Gómez. La obra está en la sala Guirau. El acceso es rápido y cómodo. La sala es muy grande, moderna y bien dotada. La visibilidad desde mi butaca, que es de las últimas, es muy buena. Justo antes de comenzar, se apagan las luces y aparece el rostro de Fernando Fernán Gómez en varias pantallas casi a la altura del techo. Un discurso breve y espléndido sobre el teatro que sirve para cualquier ocasión en la que una función esté a punto de empezar. No me importará escucharlo más veces cuando vuelva aquí. Y al final, una divertida alusión al veto de cualquier dispositivo con luces o sonidos. Lamentablemente, en mitad de la obra justo detrás de mi asiento suena un teléfono y un tipo se levanta para coger la llamada.
La interpretación
La versión de la obra me gusta, y también las pequeñas actualizaciones de lenguaje. Es la obra de Miller, con ajustes para proteger el ritmo y la comicidad. Pero seguimos en los muelles de Brooklyn y en los años 50. El vestuario es muy bueno. Me gustan los contrastes entre Catherine y Beatrice. Quizá lo único que no me ha convencido del montaje es la escena final. No me parece fácil diseñarla, pero me parece que le ha faltado fuerza. El trabajo de los actores ha sido excelente. José Luis García-Pérez hace un Eddie Carbone perfecto, canónico. Sus acciones le van transformando delante de nosotros, como exige el buen drama. Pero sucede con sutileza. Empatizamos con él. Le comprendemos mientras vemos crecer su lado oscuro. María Adánez pasa por todos los estados de Beatrice: su frustración, su bondad, su resignación. Todos pasan por su voz, desordenados y rápidos, como reflejos en un estanque. Ana Garcés es impecable como Catherine. Quizá era el personaje más difícil de crear, por ser el que más nota el cambio de época. Pero el talento de Garcés, el vestuario y la interacción con Adánez y García-Pérez construyen una Catherine maravillosa que hace creíble toda la tensión. Y hay algo muy bueno que no sé cómo describir, no entiendo lo suficiente del trabajo teatral. Imagino que tiene que ver con la dirección. Y es que todo me ha parecido extraordinariamente fluido, nada teatral. Y no me refiero a cada uno, sino a las escenas. Especialmente a las que transcurrían en el hogar de los tres personajes principales, al principio de la obra. Cuando se apagaban las luces exteriores y se encendían las cálidas del modesto salón de esos inmigrantes, especialmente en las primeras escenas, estaban de verdad en su casa y eran de verdad una familia, con miedos y con ilusiones comunes. Por eso me ha conmovido más la espiral de autodestrucción en la que se van envolviendo.
La obra
"Panorama desde el puente" es ya un clásico indiscutible del siglo XX. Y como tal, sigue llena de sentido y de fuerza. Es habitual subrayar la originalidad de una tragedia griega en la que el protagonista es un tipo como nosotros, no un rey, un héroe o un semidiós. Es cierto, y funciona. El coro es aquí un abogado. Casi desde el principio sabemos que esto acabará en desastre; nos lo cuenta él. La obra tiene un ritmo y una progresión brutal. Y tres personajes profundos y conmovedores que se te meten en la piel. Los recordaré mucho tiempo y tendré ganas de volver a verlos.