Luces de Bohemia / Valle-Inclán / Teatro Español
El teatro
Mi primera vez en el Español. Cuando quise coger las entradas solo había para un mes y medio después y en una butaca de visibilidad reducida. No sé si se llena porque es el Español o porque es "Luces de Bohemia". Desde luego, está anunciado por toda la ciudad. No tiene mucho mérito, porque las farolas de las que cuelga el cartel son del Ayuntamiento, el dueño del teatro. El acceso es cómodo y rápido. Compruebo que mi silla tiene una barra de seguridad a la altura de los ojos. Habrá que girarse según se muevan los personajes para mirar como a través de una pequeña ventana. Estoy en el extremo de mi fila, así que me levanto para dejar pasar. Tras varias repeticiones, salgo a pasear por la galería interior. Es luminosa y alegre, con ventanas sobre la plaza. Aprovecho para hacer unas llamadas frente a un busto de Tirso de Molina.
La interpretación
La interpretación es sobria y clásica, quizá demasiado respetuosa con la obra. La producción es espléndida, lo que es aquí muy necesario. La obra es larga y puede hacerse larga, pero todo se hace con ritmo. Y todo -luz, vestuario, colores- tiene el aire de amargura necesario. La voz de los actores no me llega con la fuerza suficiente, pero asumo que es culpa de mi entrada. Estoy lejos y me pierdo matices. Los protagonistas son muy buenos. Ginés García Millán es un Max Estrella físicamente perfecto y Molero es el Latino de Hispalis con el que te quedarás. También me ha gustado mucho el Rubén Darío de Ernesto Arias.
La obra
Hemos estudiado demasiado esta obra cuando éramos niños. Te acercas con demasiada reverencia y tienes que mostrarte encantado por haberla visto. Pero no creo que casi nadie la disfrute. El tiempo ha sido muy duro con ella. El texto está lleno de referencias a sucesos y personajes de la época que ya no tienen sentido para nosotros y que no son universales. También abunda la autorreferencia al universo de Valle-Inclán. La escena del Marqués de Bradomín es incomprensible para quien no haya leído las "Sonatas". La propia estructura de la obra es desconcertante y no estaba desde el principio en la cabeza del autor. Son escenas sueltas, brochazos de crítica social que pierden fuerza fuera de contexto. Solo resulta universal la tristeza y la decadencia que lo llena todo.