La zapatera prodigiosa / Lorca / Gran Teatro Pavon
El teatro
Un teatro con historia en Embajadores. No puedo empaparme mucho del estilo de la sala, porque estoy en el patio. No muy cómodo, pero con buena vista. La programación es divertida y variada, algo desconcertante para alguien más bien clásico que viene a ver a Lorca.
La representación
Salgo del teatro con una sonrisa y canturreando las coplas lorquianas. Lo he pasado muy bien.
La cosa ha ido de menos a más. El autor -el actor- me ha resultado flojo para el arranque. Pero la zapatera, Lydia Aranda, ha estado soberbia toda la obra. No sé si bailaba o actuaba. Al duende parecían querer domarlo las palabras, y apenas lo conseguían. El "canta, jaleo" ha sido mágico, especialmente cuando lo canturreaba la zapatera.
El zapatero, en otro orden, también ha estado brillante. Yo quería que se fueran juntos. Me importaba.
Me ha parecido una versión muy lorquiana, fresca, musical, poética y divertida. Sin imposturas ni discursos. Con mucho sonido de madera y guitarras.
La obra
Lorca decía que la Zapatera era una farsa. No sé bien qué quería decir, aunque es claro que esto no es Yerma o Bodas de Sangre. Hay algo trágico en las contradicciones de la zapatera, y hay un coro de comadres que la juzga. Pero me parece más cercano al Cuento de Navidad de Dickens que a las tragedias. Algo te dice desde el principio que no acabará mal. Pero no sé si el zapatero será premio suficiente.
Aquí no hay catarsis pero hay música, y ternura, y poesía. Y desde luego, no se puede leer la obra. Hay que ver bailar y cantar a la zapatera para comprenderla.