mosquetero

La Gaviota / Chéjov / Teatro Tribueñe

El teatro

En Sancho Dávila. Entre las Ventas y Fuente del Berro. No parece una zona bohemia o teatral, pero dejo atrás un par de escuelas de actores en la misma calle del teatro. Bien organizado. Me dan una entrada seria y hay zona para esperar a que abran las puertas. Leo una entrevista que explica el origen del nombre. Es interesante. Cuando se planteó quitar la "ñ" de los teclados, los impulsores decidieron que la tribu de la "ñ" tenía que hacer algo. Y así, "Tribueñe". En la pared del vestíbulo hay una exposición de fotografía. Son rostros de actrices en bambalinas. Rostros, principalmente. Todas maquilladas y fotografiadas de manera que parecen artistas de la copla de los años 20 o 30. Parece que es resultado de un espectáculo que hay en cartel: "Mujeres catedrales". Veo que tienen también otro sobre la Argentinita. Tentador. La sala es original y bonita, aunque hace algo de frío. Pero es más mi falta de acierto con la ropa. Voy viendo que es tradición que el teatro empiece tarde. Han abierto puertas a las seis, la hora a la que estaba programada la obra. Empezará al menos con un cuarto de hora de retraso.

La representación

Han tomado unas cuantas decisiones al versionar. El personaje de Kostia ha cambiado mucho, ha perdido algo de ternura y de equilibrio y se ha hecho muy áspero. También ha cambiado Nina. Y sobre todo, el poderoso y sutil final se ha hecho mucho más explícito. Quizá crean que hoy no podemos sentir la fuerza de Chéjov sin algo de ayuda. La mayoría de los cambios no me convencen. En cualquier caso, leo que han tratado de hacer que la obra dialogue con el autor, y con su sufrimiento al ver que nadie sabía interpretarla. Escucho frases sueltas lúcidas y valiosas que me llegan y que no son de la Gaviota. La directora y coautora de la versión es Irina Kouberskaya, nacida y formada en Rusia, así que obviamente sabe lo que hace con Chéjov.

Me ha parecido mágica la forma de presentar la obra de vanguardia que estrena Kostia en el primer acto. El ritmo es espléndido y todo se mueve con una precisión prodigiosa. Hay mucho trabajo y mucho amor al detalle, y mucha experiencia. La música y la luz son sobrias pero perfectas. El nivel de interpretación es muy alto, igual que la dirección. Estamos en Chéjov; el cuerpo importa menos que la voz y no hay que recitar versos. Caterina de Azcárate es una Arkadina exquisita. La escena del cambio de vendas, con esa transición tan difícil, es una maravilla. Kostia, el de esta versión, es también muy bueno. Igual que Nina. Trigorin me deja más frío, pero quizá es más culpa de Chéjov que del intérprete. El doctor de David García es magnético, igual que el administrador de Rafael Usaola.

La obra

"La Gaviota" parece haber sido revolucionaria. El famoso subtexto importa más que lo que se dice. Stanislawski desarrolló su famoso método para que los actores pudieran interpretar esta obra, que había sido un fracaso en el estreno. Acabas conociendo a los personajes y te haces cargo de lo que sucede, pero no sabes cómo está avanzando la trama aunque sientes que de algún modo están pasando cosas. De todas formas, nunca estás seguro del todo. Tampoco del tono. No sabes si has de reírte o compadecer. Hay ironía y tristeza, y muy pocas alegrías. En cualquier caso, sales con la impresión de haber asistido a una obra maestra que sigue siendo nueva.

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