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Fuenteovejuna / Lope de Vega / Teatro de la Comedia

El teatro

El Teatro de la Comedia, sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. La crème de la crème. A la altura de Fuenteovejuna, espero. De momento, estoy lejos de la escena y no demasiado cómodo. El público parece sofisticado.

La representación

Esto empieza desagradable. El Comendador y el Maestre dibujados a brochazos para ser repugnantes desde el principio. No es obra para venir con niños.

Pero seguimos. Fuenteovejuna. La música es excepcional. Comienza con algo que parece un fondo pregrabado con sonidos antiguos de pueblo. No son realistas pero te llevan al campo. Y se mezclan con coplas cantadas -maravillosamente- en directo. Romances que suenan perfectos y antiguos. La escenografía con luces de amanecer y atardeceres. Ya estás en una égloga, pero en una castellana, en el lugar pastoril en el que Lope quiere que estés.

Laurencia y Pascuala te hacen reír. Y las riñas de palabras con Frondoso y los pastores. Qué diferencia con las bajas pasiones de los que se dicen caballeros.

El Comendador se desata. Y llega el monólogo de Laurencia, de Cristina Marín-Miró. La zagala se ha vuelto una Ménade furiosa. Salvaje y espléndida. Sobrecogedor. De nuevo, no para niños. Pero hace cambiar al pueblo. Ya no se puede contemporizar. También nos hace cambiar a todos en las butacas. Queremos matar a esa bestia de Comendador. Ya no nos importa el Rey.

La dirección sigue en un nivel excepcional. La muerte del Comendador es brutal. Y la transformación de los villanos con cabezas de cerdo funciona. Tengo mis dudas con los Reyes, ridículos y simbólicos, aunque entiendo la necesidad de distinguirlos. Y también con la decisión de desnudar a todo el pueblo para darle tormento.

Cae el telón y salen las palestinas. Me parece bien. Después de la maravilla que han hecho sobre las tablas pueden hacer lo que quieran.

La obra

Hace falta ver un Fuenteovejuna tan bueno como este para entender la maldad y la necesidad del castigo. El primer acto nos hace amar a Laurencia y al pueblo. La maestría de Lope permite reirse y amar, y enfadarse y odiar. Las redondillas rápidas y saltarinas del principio se frenan con los romances graves que suben el tono. Laurencia es de fuego cuando escupe octavas reales.

El final siempre me deja pensando: ¿deben los reyes perdonar el castigo? Los villanos se han tomado la justicia por su mano. Y lo han hecho bárbaramente, del mismo modo que el Comendador había dejado campar sus pasiones.

#Cristina Marín-Miró #Lope de Vega #Teatro de la Comedia