Bodas de sangre / Lorca / Teatro Karpas
El teatro
Mi primera vez en el Teatro Karpas. No será la última, desde luego. Está en la calle Santa Isabel. Una zona agradable un domingo por la tarde de invierno. Bares abiertos, de los de toda la vida pero elegantes.
El teatro es pequeño. Se anuncia como "Sala de Cámara". La taquilla abre media hora antes de la función, así que el vestíbulo se va llenando poco a poco. Es una entrada con aspecto de loft vintage. Hay un gramófono, máquinas de escribir antiguas, un vestido con corsé de ballenas, una Singer antigua. Y muchos carteles de obras que valen la pena. No hay niños, ni parece haber familias. Pronto nos hacen pasar a la sala. Está en un sótano y es pequeña. Espacio para unas 40 ó 50 personas. No creo que hoy lleguemos a 30. Las butacas son antiguas y cómodas. Si hubiera hecho un esfuerzo podría estar en primera fila, pero me quedo en la tercera, cerca de la pared y apenas a un par de metros del escenario. Suena flamenco antiguo mientras esperamos.
La representación
Al bajarse el telón he quedado sobrecogido. No sé si me había sentido así alguna vez. Imagino que sí, pero el teatro excepcional hace que todo parezca nuevo. La catarsis tiene esto. Cuando la Madre le ha dicho a la Novia: "Llora. Pero en la puerta", yo ya no era el mismo que había entrado.
Qué puedo escribir sobre esta compañía. No puedo entender que me hayan dejado entrar por tan poco dinero. Y no me explico que sigan con su vida después de lo que han hecho sobre las tablas. ¿Se habrá quedado la Novia en la puerta llorando? ¿Cómo ha podido salir a saludar? ¿Cómo hemos podido dejar de aplaudir?
La Madre de Nerea Rojo se quedará conmigo, como su llanto y ella, y sus cuatro paredes. "Una mujer que no tiene un hijo siquiera que poderse llevar a los labios". Y la Novia de Mel Baladés. Su voz entre un violín y una viola y con más matices que los dos juntos. En el texto de Lorca nunca pude entender a Leonardo. Tampoco a la Madre: "¿La ves? Está ahí, y está llorando, y yo quieta, sin arrancarle los ojos. No me entiendo". Después de ver a esta Novia les entiendo a los dos. Ella le dice a la Madre, y a mí, "¡yo me fui con el otro, me fui! Tú también te hubieras ido". Sí, yo y Leonardo también nos hubiéramos ido con ella. Me niego a creer que Baladés no sea la Novia y que no siga llorando en la puerta. Y qué Leonardo de Chema Moro. Es todos los hombres de Lorca y del campo, y de todas las Novias, y de todos los caballos y todas las navajas.
No sé quién ha sido la Luna. La dirección y la interpretación de esa escena, con los medios de la sala, ha sido de otro mundo.
No sé cómo he merecido estar hoy ahí.
Con guitarras sobre las tablas, yo estaría con Leonardo, y con el hijo. Menos mal que era música grabada y he podido volver a casa.
La obra
Qué difícil es encajar en géneros "Bodas de sangre". Desde luego, es una tragedia. Y no puede ser más clásica. Hay un destino terrible y un coro. Pero el lenguaje formal no puede ser más moderno. No sé si es contemporáneo, quizá más bien del futuro. De cuando nos cansemos de las pantallas y volvamos a los símbolos y a las cosas: los caballos, la luna, las navajas.
Por otro lado, le pasa como al Quijote. No puede ser más universal y a la vez más español. Ha triunfado fuera y lo entiendo. Pero también me gusta pensar que se pierden algo.
Cuando consiga recuperarme, volveré.